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Gazpacho:

Las sopas frías son los platos más difíciles de preparar. Son recetas simples, fáciles de recordar, sin tiempo de cocción, ni utensilios sofisticados. De todas ellas, mi favorita es el gazpacho. El gazpacho es la evolución de las sopas frías árabes que se se preparaban en el sur de la península ibérica antes de la llegada de los tomates tras el “descubrimiento” de América. Ahora, los ingredientes necesarios para hacer un gazpacho se pueden encontrar con facilidad en casi cualquier parte del mundo. Pero las cantidades nunca pueden ser exactas y ningún libro de cocina puede hacerte entender el resultado final si no lo has probado anteriormente.


Mientras intentaba hacer mis primeros gazpachos, empezaba a entender a mi abuela hablando de “pizcas”, “más o menos” y “según tú veas”. Para poder hacer Gazpacho es necesario entender que cada ingrediente es un ser vivo, ligeramente distinto al resto de su especie. Aunque vivamos en la era de la estandarización y la clonación, el resultado final de una buena sopa fría solo se puede conseguir combinando distintos ingredientes naturales.

El ingrediente base del gazpacho es el tomate. Para preparar un buen gazpacho debemos seleccionar “tomates pera”. Los tomates pera son algo más carnosos, alargados, y tienen una forma similar a una pera. El nivel de madurez, agua, azúcares, acidez e incluso color, influirá en el resultado final. Necesitaremos también: pimientos verdes, cebolla, pepino, ajo, miga de pan, zumo de oliva, vinagre, sal y agua. Cada uno de estos ingredientes será distinto en cada lugar del mundo, incluso algo tan básico como una pizca de sal tendrá un sabor único en Boston, Beijing o Madrid.

Combinando los ingredientes del gazpacho, en cada una de sus infinitas de variaciones posibles, el sabor, olor, color, viscosidad, y demás atributos variarán. Incluso en una misma ciudad, la elección de los ingredientes modificará el resultado final y sin embargo hay personas que pueden conseguir que el sabor de un buen gazpacho siempre sea el mismo. Esas personas han alcanzado la sabiduría. Pero solo podrán conseguirlo en su ciudad, en su mercado, en su propia cocina. Lejos de sus ingredientes locales, necesitan volver a adaptarse para volver a hacer gazpacho.

El gazpacho tiene una base orgánica que nutre nuestro cuerpo y otra que pertenece al mundo de las ideas y las experiencias. El mismo sabor será percibido por diferentes culturas de una forma completamente distinta y siempre en comparación con algo que la persona ya conoce. Los sabores completamente nuevos no pueden gustarnos o dejarnos de gustar, simplemente no los entendemos todavía, no estamos preparados. Los sabores, igual que el idioma se aprende mientras nuestro cerebro se desarrolla. El cerebro adulto está adaptado a sobrevivir con los sabores conocidos y no tiene necesidad de aprender nuevos. Para entender un nuevo sabor necesita adaptarlo a sus propias experiencias.

El mundo gira mucho más rápido de lo que las sociedades pueden absorber. La educación cambia y evoluciona al igual que el aprendizaje y las estructuras sociales. El Gazpacho es una receta tradicional española que viaja a todos los lugares del mundo y hay muchas otras recetas que necesitan encontrar su lugar en España.

 

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