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Tomates: Adaptar, evolucionar, crecer.

Tomate (Solanum lycopersicum): Planta hermafrodita con frutos de colores amarillos, dorados, naranjas o rojos. Durante miles de años el tomate vivió aislado en zonas cercanas al actual Perú. Una pequeña planta inmóvil, una magnífica idea de la naturaleza con capacidad para adaptarse, evolucionar y crecer.

Los humanos prehistóricos conocieron los tomates como un pequeño árbol salvaje. Cientos de años más tarde se incorporó a la historia de la civilización, conforme la civilización comenzaba a crearse. El descubrimiento de América, permitió a los exploradores españoles entrar en contacto con esta fruta. Para entonces ya había sido domesticada. Nacía cerca de las ciudades, en los campos de cultivo Mayas y Aztecas.

En galeones españoles llegó hasta Europa, donde volvió a adaptarse, a evolucionar y a crecer. Cada lengua europea le dio un nuevo nombre, cada cultura un nuevo uso. Al Sur de España, se mezcló con las recetas árabes creando el gazpacho. En Bolonia se transformó en salsa. En Grecia se añadió a la ensalada y en áfrica al pesado. En cada ciudad se escogieron diferentes variedades que se mimetizaron con el nuevo entrono.

Volvió a USA con los primeros colonos y viajó a Australia en barcos británicos. Los holandeses lo hicieron crecer en nuevos invernaderos. Campbell consiguió mantener sus propiedades en una lata y Warhol lo inmortalizó en sus lienzos. Se inventó el Ketchup, las ensaladas de los aviones y se come en los Karaokes de Shanghai entre licores y canciones.

En cada salto de cultura, en cada cambio de época, aprendió a adaptarse, evolucionar para seguir creciendo.

@sibaritas

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Hérase una vez

Por primera vez en la historia, un pequeño pero creciente porcentaje de las personas en este planeta, tenemos acceso a los miles de productos que encontramos en cualquier supermercado, y sin embargo ¿nos alimentamos mejor?

Vivir bien, disfrutar de un buen vino, cocinar con aceite de oliva. Ser capaz de alimentarnos a nosotros mismos es un lujo que muchos hemos olvidado. Combinar unas uvas frescas con queso, cortar unos tomates frescos, preparar un lenguado a la plancha añadiendo una pizca de sal y un chorreón de aceite, o cocer unas coliflores con un poco de limón. Comer puede ser un placer, un arte o un modo de vida, pero sobre todo es una necesidad.

Me dispongo a recorrer un camino que otros recorrieron antes que yo hace miles de años.  Los griegos, egipcios, mayas o los antiguos chinos; todos ellos descubrieron los secretos de una correcta alimentación. Este ancestral conocimiento se ha ido transmitiendo de generación en generación hasta la llegada de las franquicias, los nutricionistas, la comida precocinada y los hipermercados.

Vivimos en mundo hostil y confuso, donde el arroz puede tener 14 sabores diferentes, las vitaminas se consumen en botes de plástico, las naranjas se pintan y altos ejecutivos te enseñan cómo hacer unas albóndigas a base de Kellogg’s Corn Flakes.

Comienzo esta Odisea culinaria en Boston con 3 armas: los recuerdos de las recetas de mi abuela, el gusto por la comida y tu apoyo.

Prometo que no me dejaré encantar por los cantos de sirenas del marketing alimentario, y que seguiré el camino hasta hallar a mi Penélope: una alimentación sana y placentera adaptada a los tiempos modernos.

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Se feliz,

@ModernSibarita